19 feb. 2010

Ernest Hemingway

De los escritores norteamericanos fundamentales del siglo XX, pocos han tenido la influencia y han sido tan imitados como Ernest Hemingway (1899-1961), pero también pocos han tenido tantos detractores. Famoso por sus novelas y cuentos, Hemingway se convirtió en una figura pública de renombre en vida ( y erigió una amplia leyenda en torno a él), por lo que en ocasiones resulta complicado separar la realidad del mito.



Nació en Oak Park, en el estado norteamericano de Illions, en 1889. Aspiraba a ser escritor ya desde joven, y a los dieciocho años fue contratado como reportero del Kansas City Star. En unos meses estaba trabajando de conductor de ambulancia para la Cruz Roja en el frente italiano durante la Primera Guerra Mundial. Tras la contienda, pasó varios años en París en compañía de Gertrude Stein y otros escritores estadounidenses de la llamada Generación Perdida, desilusionados todos por la brutalidad de la guerra. En la capital francesa, Hemingway refinó el estilo que lleva su sello: una prosa masculina y desestructurada, engañosamente simple.

Tras escribir varios cuentos inspirados en los veranos de su niñez en Michigan y en sus viajes posteriores a Europa, se puso manos a la obra con la que sería su primera novela y una de sus obras fundamentales: Fiesta (1926). Este libro, que cuenta la historia de un joven norteamericano rebelde que vaga por España y Francia, le procuró un reconocimiento inmediato. Luego vendría Adios a las armas (1929), sobre un trágico romance en el marco de la Primera Guerra Mundial entre un conductor de ambulancia estadounidense y una enfermera inglesa, y Por quién doblan las campanas (1940), un relato sobre las guerrillas en la contienda civil española inspirado en la labor que él mismo realizó como periodista en aquel conflicto. El protagonista de esta novela encarna a la perfección lo que muchos han venido a llamar el código heróico de Hemingway: un hombre estoico y desilusionado que muestra su elegancia y nobleza al enfrentarse a la violencia y a la adversidad.

A medida que su fama iba creciendo, Hemingway se fue ganando una sólida reputación como escritor interesado sólo en la guerra, los toros, la caza, la pesca y otros temas claramente masculinos. Pese a que algunos críticos despachan su obra con la etiqueta de literatura para machos, la genial narrativa de su novela breve El viejo y el mar le hizo merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1954. Pero aunque llegó así a lo más alto, sus últimos días los pasó hundido en una depresión y con una salud cada vez más quebrada. Se suicidó con una escopeta en 1961. La influencia de su estilo en la novela moderna sigue siendo, pese a todo, enorme.

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