18 mar. 2010

Las historias que contó Homero en la Ilíada y la Odisea llevan tanto tiempo formando parte de los cimientos de la cultura occidental que resultan ineludibles incluso en la actualidad. Del caballo de Troya al cíclope, del talón de Aquiles a los cantos de sirena, estos elementos perduran en nuestra literatura y lenguaje diario cerca de tres mil años después de haber sido escritos estos dos relatos épicos.


La Ilíada y la Odisea son poemas épicos, extensas obras en verso escritas en griego que probablemente eran leídas o cantadas en voz alta y que fueron transmitidas oralmente de generación en generación antes de quedar fijadas en lengua escrita. El papel exacto que desempeñó Homero en este proceso sigue siendo un misterio, y de hecho se discute aún si realmente existió. En cualquier caso, los expertos creen que ambas obras fueron creadas alrededor del siglo VIII a.c. en Jonia, una zona de la antigua Grecia que hoy en día forma parte de la costa mediterránea de Turquía.

La Ilíada cuenta las hazañas de Aquiles, Agamenón, Héctor y otro puñado de héroes durante la guerra entre Troya y Acaya (Grecia). Según el mito, el conflicto se desencadenó al secuestrar el príncipe troyano Paris a Helena de Esparta, la mujer más bella del mundo, y llevársela a su tierra para convertirla en su esposa. La obra comienza en el noveno año de guerra y se centra en la furia del guerrero griego Aquiles, explorando su combinación de grandeza y puntos flacos determinantes. Homero lo cuenta empleando esas evocadores imágenes ("aurora de dedos rosados", "mar oscuro como el vino") que han hecho merecidamente famoso este poema.

La Odisea es una secuela de la Ilíada y narra las aventuras del héroe griego Odiseo (Ulises en latín) en su viaje de vuelta a casa y a los brazos de su esposa, Penélope, tras la guerra de Troya. Tarda diez años en lograrlo, sobretodo porque enfada al dios del mar, Poseidón, que hace todo lo posible para entorpecer su regreso. Usando su ingenio y con la ayuda de la diosa Atenea, Odiseo termina por volver a su casa en Ítaca y dar cuenta de los muchos pretendientes que le han salido a su fiel esposa.

Más allá de las dudas sobre su autoría, estas dos obras tuvieron una enorme influencia tanto cultural como a nivel práctico en la vida cotidiana de la antigua Grecia. Era habitual que se memorizaran de principio a fin. Aunque la edad dorada griega declinó alredor del año 100 a.c., las obras de Homero sobrevivieron al paso del tiempo hasta el punto de inspirar poemas épicos en la antigua Roma, como la Eneida de Virgilio.

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